Agradecimiento a la Gran Familia de la Procura

Todos tenemos una fecha cuyo recuerdo nos acompañará durante toda nuestra vida. En el caso de los valencianos hay una que no olvidaremos nunca, y es el 29 de octubre del 2024. Ese día, y sin ser conscientes de ello, la vida de miles de valencianos cambiaría de forma radical. No llovía, no pasaba nada, lo que parecía algo a lo que estaban acostumbrados muchos valencianos, el desbordamiento del barranco del Poyo, pronto se convertiría en una auténtica pesadilla y, para muchos, en su sentencia de muerte.

Las horas iban pasando y en la capital hacíamos nuestras vidas como si fuera un día cualquiera, pero por la tarde muchos recibimos en nuestros móviles algo que nunca habíamos escuchado, un pitido fuerte y molesto que iba seguido de una alerta del 112 de riesgo de fuertes lluvias, nada más.

En principio solo parecía eso, un mero aviso. Pero poco a poco fuimos recibiendo comunicados de distintos jueces decanos que acordaban, la misma noche del 29 de octubre, el cierre de sus sedes judiciales. Fue entonces cuando empezaron a llegarnos a través de las redes sociales videos e imágenes de la magnitud de la inundación, de coches flotando arrastrados por una lengua de agua, y empezamos a tomar conciencia de la gravedad de lo que estaba sucediendo.

Los que residíamos en Valencia capital éramos ajenos a lo que ocurría en las zonas afectadas, separadas de nosotros solo por unos pocos kilómetros de distancia. El barrio de la Torre en Valencia, Sedaví, Paiporta, Picanya, Benetúser, Torrente, Aldaya, Massanassa, Chiva, Utiel, Requena Hasta que no amaneció no fuimos conocedores de la devastación y de la destrucción que la tarde noche de antes había causado el agua.

Sin saber exactamente a qué nos íbamos a enfrentar, lo primero que se trató desde el Colegio de Procuradores de Valencia es localizar a todos aquellos compañeros que residían en estas zonas para ser conocedores de su situación y comprobar si estaban bien. Sabíamos que había muchos desaparecidos y fallecidos, sabíamos que la gran lengua de agua había pillado a muchos ciudadanos saliendo del trabajo, llegando a sus residencias, en los centros comerciales o simplemente sacando sus vehículos de los garajes, y ese era uno de los principales miedos a los que nos enfrentábamos.

Esas ganas de encontrar a los nuestros en muchas ocasiones se convirtieron en desesperación, puesto que las zonas en las que se encontraban habían perdido todo tipo de conexión telefónica y no tenían los servicios de luz e internet, haciendo casi imposible en muchas ocasiones saber si estaban bien.

Fue importante para todos nosotros parar 5 minutos, tomar conciencia de lo que estaba sucediendo y dividirnos las tareas. Mientras que unos recopilaban y ordenaban las ayudas que se podían obtener por parte de los afectados, otros hacían un listado de los compañeros que por su residencia y/o despacho se encontraban en alguna de las poblaciones afectadas, tratando de hacer un registro de los daños sufridos.

Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que el Colegio de Procuradores de Valencia es una familia. Los compañeros se ofrecían para poder hacer los señalamientos de aquellos que se encontraban incomunicados, de presentar los escritos a todos aquellos que habían perdido sus despachos o que no disponían de conexión a internet. No debemos de olvidar que no fue hasta el 30 de octubre por la tarde cuando, y tras una reunión con los distintos colegios profesionales, el Tribunal Superior de Justicia de Valencia dictó una resolución en la que se acordaba la primera suspensión de los plazos procesales y la posibilidad de suspensión de los señalamientos por la mera inasistencia de cualquiera de las partes. 

Pero los procuradores, como colaboradores de la Justicia que somos, no queríamos suspender ningún señalamiento, puesto que ya estábamos sufriendo retrasos causados por las distintas huelgas que hemos sufrido en la Administración de Justicia, amén del retraso y colapso que de por sí llevan los distintos órganos judiciales, y por eso se creó una cadena de favores entre todos los compañeros.

 

Fueron unos días frenéticos, llenos de reuniones de la Junta de Gobierno, de llamadas a distintos órganos judiciales, de circulares y de información a través de las redes sociales para que llegaran cuanto antes. No importaba que fuera lunes o sábado, puesto que los compañeros tenían que estar informados en tiempo real de lo que sucedía. Todo esto se traduce en la satisfacción de saber que estábamos poniendo nuestro pequeño granito de arena en la reconstrucción de Valencia, y sobre todo en la satisfacción de poder ayudar a los nuestros.

Cuando escribo estas líneas han pasado 19 días desde que sucedió una de las mayores catástrofes que hemos vivido no solo los valencianos sino España entera, y hoy se hace más grande si cabe la frase de SOLO EL PUEBLO SALVA AL PUEBLO, porque hemos sentido la solidaridad de todos los compañeros de España, los cuales, sin conocernos, sin saber nada de nosotros, se ofrecían a presentar escritos, hacer señalamientos online sin pedir nada a cambio, nos preguntaban cómo podían donar algo dentro de sus posibilidades, en definitiva, ayudar al compañero. Queda mucho por hacer, queda mucho por reconstruir, queda mucho por sanar, pero todos los procuradores que formamos parte del Colegio de Valencia somos fuertes, y con la ayuda y apoyo de todos saldremos adelante.

Los valencianos hemos vivido la destrucción en nuestras carnes, hemos comprobado con nuestras manos lo que cuesta sacar el barro de las casas, sabemos lo que es encontrar fallecidos dentro de vehículos, hemos dado consuelo al que lo necesitaba y llevado medicación y comida a todos aquellos que lo precisaban, pero, sobre todo, hemos comprobado que la Procura es grande, porque todos sabemos en qué consiste nuestra profesión, y somos conscientes de que la Justicia no para por nada ni por nadie, y es en los momentos de desolación y destrucción cuando nos damos cuenta de lo mucho que, sin saberlo, estamos unidos.

Desde el Colegio de Valencia solo podemos estar agradecidos al Consejo General de Procuradores, a todos los colegios y a todos los compañeros que nos han prestado ayuda, consuelo y apoyo, no solo moral sino económico, porque los procuradores valencianos hemos comprobado la grandeza de la profesión.

Yo, personalmente y como decana de esta gran familia, no quiero dejar de aprovechar este momento para poder agradecer a mi Junta de Gobierno y a los empleados del colegio todo el esfuerzo, dedicación e implicación que han demostrado, y siguen demostrando, en la gestión de una de las peores catástrofes que hemos tenido que organizar. Porque ellos han sido el motor que me ha ayudado personalmente a seguir, aunque la desesperación me inundara en algunas ocasiones. Sin ellos esto no habría sido posible.

Pero sobre todo quiero dar las gracias a los compañeros que forman parte del Colegio por su predisposición a ayudar a cualquiera, por sus palabras de aliento y de consuelo a los afectados, en definitiva, por su ayuda sincera y sin esperar nada a cambio. Esto me hace reafirmarme en lo que siempre digo; que me siento muy orgullosa de formar parte de la gran familia que formamos en el Ilustre Colegio de Procuradores de Valencia.

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